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Nasry Asfura, quien asumirá la presidencia de Honduras el próximo 27 de enero, enfrenta un panorama marcado por desafíos históricos. Respaldado por Estados Unidos, su gobierno tendrá que lidiar con problemas profundos que han persistido por años en el país: instituciones débiles, una corrupción extendida, altos índices de pobreza, elevada inseguridad y tasas preocupantes de desempleo.De acuerdo con analistas consultados, estas tareas serán clave para definir el futuro del país. La población hondureña tiene expectativas claras sobre las prioridades del nuevo mandatario, exigiendo soluciones concretas que mejoren sus condiciones de vida.Asfura hereda un contexto social y económico complicado, donde la…