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Por muy bueno que sea y por mucho talento que tenga, Carlos Alcaraz no deja de ser un advenedizo de 20 años que continúa descubriendo los entresijos del recorrido profesional y que sigue puliéndose en busca de una identidad marcada en el juego. Ahí está esa calidad, probablemente sin igual en este nuevo ciclo que va cogiendo forma, y todos esos destellos que le confieren un sello único y distinguido, delicioso, pero al mismo tiempo su patrón está lógicamente incompleto y él trata de responder sobre la marcha a las exigencias de este mundo frenético de hoy, que le exige…