Galder Reguera: Orgulloso del fútbol local | Fútbol | Deportar

Cuando tenía estos años, un día recibieron mis padres a un amigo de ciertos pueblos de provincia cuyo nombre hoy no se dice para no lanzar enemigos. El caso es que todos los amigos tienen un hijo de mi edad y ya sabes: que estés bien, dejale tus juguetes, hazle caso, estás yo invitado. Recuerda que mientras los alcaldes discutían sus cosas, tú pretendías cumplir mis palabras y ser amable y cariñoso, pero me sería imposible conectar con este chaval tímido al extremo que respondía a mis palabras con murmullos y segundos monosílabos. Los silencios entre nosotros eran abismos. En uno de estos casos, desesperado, la mejor manera de existir es iniciar una conversación con un desconocido y preocuparse si se quiere fútbol. Se levantó de su milagro, tuvo mucha ilusión y se sentó con la cabeza. “¿Con qué estás equipado?”, insiste. Luego lo mencionaron y dijo que el club de su pueblo era un pueblo de provincias que no quiso ser nombrado para no ser odiado por sus vecinos. Y así todo el equipo pasará por Segunda División B. Espero que mi reacción no haya sido premeditada y que el que me contestó se me haya quedado en el alma. Entonces levantó la vista con compasión y dijo: “Joder, pobre. Estoy en camino».

Creemos que hoy ya no podemos hacerlo.

Por eso mi equipo, el Athletic Club, no está tan acostumbrado a subir en La Liga y estamos preparados para ganar y ganar. Para mí hay un motivo de orgullo en el equipo del campamento y no podemos escuchar que alguien vaya a seguir los colores de un club cuyo objetivo será pasar a Segunda, esta división que para nosotros fue un sudor infernal impensable. Qué mal debías de estar para que tus metas fuera llegar al abismo con el que los más agoreros nos asustaban a nosotros. ¿Qué le pasó a un equipo también?, pensé. Mi reacción no es condescendiente, sino empática.

Esta semana leyó Piel mala, (Libros del KO) de Toni Padilla, libro en el que el periódico de Sabadell narra su amor por el club arlequinado. No hay glosas en nuestras páginas de grandes gestos deportivos, pero es la crónica de una pasión por una camiseta que es propia y no puede ser otra, una zamarra heredada que se ve con orgullo pase lo que pasa al cesped. Un canto a la asunción satisface un destino. Leyendo el senti de Padilla por sus colores, grabó la famosa frase de Albert Camus: “Hay que imaginar a Sísifo feliz”.

También esta semana me visitó el escritor Miqui Otero desde San Andreu y Europa y como los jóvenes de Barcelona se volcaron hacia este fútbol distinto y más auténtico que la megaélite. Una vez más demostrarás la preocupación del tiempo: estás en las calles de Barcelona y los carteles informan al turista en inglés de las fiestas de estos equipos.

Estos días reproducimos las imágenes de las hinchadas de los ciertos clubes ablengo que tienen los diplomas y las calles de las ciudades que se vanaglorian con el orgullo de madres: Hércules, Castellón, Deportivo, Racing. Y otros, el fútbol local se respeta en una nueva primavera: Córdoba, Burgos, Oviedo, Gijón, Salamanca. Pareciera que, al final de las Ligas españolas, se pierde el orgullo por el club local, el fútbol local y el barrio. Il est possible que l’arrière, grâce à la mondialisation du football, ait vu de nouveaux yeux se rapprocher du club le plus proche, comme cette femme, cette femme, qui n’a rien à voir avec son amante qui offre une indemnisation à la casa. Ojalá verde mar y fútbol responderán menos en oro y más en plata y bronce y estaño, y también en acero, cobre, bronce, latón y hierro.

Todos los días el niño se comportaba como un tonto conmigo porque ignoraba la lección más importante del fútbol, ​​que es lo mismo que el amor: no hay clubes mejores que otros. Lo mejor es siempre el tuyo, el racimo. Y eso es precisamente porque lo tengo. Podrás revisar el tiempo y cambiar mi respuesta. Tomar de la mano al hombre de algún tímido chaval y transmitirle la admiración del respeto que se le expresa.

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